Fuera de Foco

La Ceramo de Benicalap: La impunidad del grafiti

La Ceramo de Benicalap. El patrimonio industrial valenciano del siglo XIX abandonado por dejación institucional

El abandolno del Patrimonio Industrial de Valencia continua.

Lunes 19 de enero de 2026

La Ceramo es hoy un bucle de despropósitos: denuncia ciudadana, silencio administrativo, promesa de limpieza y ejecución deficiente.



El Circulo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural a través de su presidente César Guadeño denuncia el estado de abandono por parte de las autoridades locales y autonómicas , de un edificio histórico y patrimonio industrial de la ciudad y comunidad.

Se trata de la antigua fábrica de La Ceramo, en el barrio de Benicalap de Valencia: un Bien de Relevancia Local (BRL) herido de muerte por el espray, el pasotismo y la inferencia institucional.

La Ceramo no es una simple fabrica, ya que está intimamente ligada a el desarrollo y el progreso de una de las artesanias e industrias insignia valencianas, son un vestigio de la Valencia que soñaba con la modernidad a finales del siglo XIX. Entre 1888 y 1889, José Ros Surió y Julián Urgell fundaron un taller que no era una simple industria, sino un templo del arte y la alquimia.

La Ceramo recuperó la técnica medieval del reflejo metálico, ese secreto de origen hispanomusulmán que otorgaba a la cerámica una iridiscencia mágica, capaz de cambiar de tonalidad según el ángulo de la luz gracias a la aplicación de sales de plata y cobre en una tercera cocción reductora.

Su arquitectura es, en sí misma, una pieza de catálogo de la arqueología industrial valenciana. Un conjunto neomudéjar que respira historia, con su chimenea de ladrillo alzándose como un dedo acusador hacia el cielo de Benicalap y sus naves dispuestas de forma funcional que guardan el secreto de una producción artesanal que se extinguió comercialmente en 1992.

hoy el lienzo del glorioso reflejo metálico que asombró al mundo en las exposiciones universales, sino el tablero de juego de "pintamonas" y delincuentes del grafiti que se ceban con un cadáver arquitectónico que las autoridades están tardando demasiado en resucitar.

La historia legal de La Ceramo es una antología del despropósito valenciano. En 1993, un expediente para declararla Bien de Interés Cultural (BIC) fue archivado mediante maniobras políticas que aún hoy chirrían en los archivos del DOGV. Se prefirió la flexibilidad urbanística al rigor y a la protección patrimonial.

Hubo que esperar a 2004, tras la insistencia, el martilleo constante y las denuncias documentadas de la desaparecida asociación Cercle Obert de Benicalap, para que finalmente se le otorgara el estatus de BRL.

Desde la venta del inmueble en 2017 por parte de la SAREB al Ayuntamiento de Valencia, se nos ha vendido la rehabilitación "a bombo y platillo" en innumerables ruedas de prensa. Sin embargo, ante la parálisis, desde nuestra asociación hemos tenido que acudir en repetidas ocasiones al Síndic de Greuges.

Las resoluciones del Síndic han sido claras y contundentes, instando al Ayuntamiento de Valencia a cumplir con su deber de conservación, custodia y mantenimiento. Pero el consistorio parece haber desarrollado una inmunidad burocrática a las recomendaciones del Defensor del Pueblo valenciano.

Se prometieron obras en 2019, se postergaron a 2021, se utilizaron como baza electoral en 2023... y aquí seguimos, en pleno enero de 2026, viendo cómo las modificaciones del PGOU y las partidas presupuestarias se evaporan mientras los muros se llenan de pintadas delictivas que no se molestan ni en retirar.

El problema es de manual: la teoría de las ventanas rotas aplicada al patrimonio industrial. Cada cristal roto que no se repone, cada valla que se vence y cada pintada que no se borra es una invitación formal para el siguiente pintamonas. La impunidad es absoluta. Los delincuentes acceden pintarrajean los muros de ladrillo sabedores de que no hay vigilancia física, que no hay cámaras conectadas a la central de la Policía Local y, lo que es peor, no existe una voluntad política real de aplicar la legislación vigente y las ordenanzas municipales de limpieza y protección del patrimonio.

La inacción municipal es de tal calibre que, cuando deciden intervenir tras nuestras denuncias públicas, lo hacen con una torpeza que roza la negligencia profesional. Limpiar paramentos históricos de ladrillo visto o azulejería con pintura plástica de mala calidad es una aberración técnica. Es un parche de "brocha gorda" que oculta la herida estética, pero destruye la porosidad del material original, condenando al ladrillo a una degradación acelerada por la humedad atrapada.

Es indignante que el Ayuntamiento permita esta degradación mientras gasta millones en campañas de imagen. La Ceramo es hoy un bucle de despropósitos: denuncia ciudadana, silencio administrativo, promesa de limpieza y ejecución deficiente.

¿Dónde están las multas y sanciones que permite la Ley de Patrimonio Cultural Valenciano? ¿Por qué no se identifica y sanciona a los responsables de estas pintadas que dañan un Bien de Relevancia Local? La respuesta es sencilla: falta voluntad. La desidia se ha instalado en las instituciones, que prefieren mirar a otro lado para no tener que actuar motu proprio.

"Exigimos la rehabilitación integral inmediata. No queremos más licitaciones que quedan desiertas por falta de realismo económico, ni más estudios previos, mientras los delincuentes se ceban con el edificio. Desde el Círculo por la Defensa y Difusión del Patrimonio Cultural no vamos a dar un paso atrás ni a bajar el tono. Seguiremos paseando por nuestras calles, seguiremos documentando el desastre, enviando escritos al Síndic y señalando con nombres y apellidos a quienes, por acción u omisión, permiten que el legado de Ros y Urgell se convierta en polvo". Declara Guadeño.

La Ceramo es el termómetro de nuestra salud cultural, y ahora mismo, Valencia está en cuidados intensivos.

FOTOS © César Guadeño

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