Editorial

ECCE HOMOS o cuando uno puede terminar en los altares.

Domingo 08 de febrero de 2026

La cosa en Italia va como va. Es un país que tradicionalmente sólo se ocupa de los chafardeos de su Primer o Primera Ministra, el resto: E la nave va

Hace una semana se montó un pifostio a la italiana, que son muy divertidos. LA REPUBBLICA (su equivalente del PAIS) informaba que en una una basílica de tercera de Roma, había aparecido una restauración “polémica” en un mural de la capilla dedicada al rey Humberto II de Saboya: ¡Uno de los querubines tenía un parecido a la Primera Ministra Giorgia Meloni!.

Y el asunto se convirtió en Cuestión de Estado, más allá de lo del Guantánamo albanés o la putada de Mercosur.

Viendo la imagen el parecido es innegable. El autor un pobre infeliz que vive acogido en la iglesia ha desmentido cualquier intencionalidad política, argumentando que el querubín tiene el rostro de una novia del pasado, pero la verdad es que el espíritu celeste de alto rango se parece a la Meloni.

El restaurador, por lo visto se encarga del mantenimiento de los frescos y de la limpieza para compensar su manutención en el templo, en una especie de categoria laboral equivalente a sacristan residente, y no ha sido la única intervención realizada a lo largo de los años.

A mi lo que me parece fatal es el bocachancla del párroco, que debe tener sus más y sus menos, como siempre pasa, con el pobre hombre, y que no ha dudado en excitar al redactor del rotativo progresista, explicando, “que si, que el parecido con la Meloni es total y que bueno, como el restaurador estuvo afiliado al MSI de Giorgio Almirante…”, así dejándolo caer, como la Vieja del Visillo de Mota.

Otra cuestión destacable por encima de parecidos, ha sido la rápida intervención del Vaticano que, directamente ha ordenado pintar con brocha gorda encima del rostro de este guardián de la gloria divina. Expeditivo. Llama la atención la celeridad en la Curia, que suele ser dada a solucionar estas cosas de acuerdo con la burocracia vaticana, y que si ya de por si, es más lenta que la española del siglo XVIII, con suerte no termina en concilio.

Que nadie se haya preocupado de las barrabasadas artísticas del artista residente realizadas hasta ahora sería otra cuestión a tener en cuenta, teniendo en cuenta que el tipo firma sus restauraciones con un par (Instauratum et exornatum, Bruno Valentinetti AD MMXXV). También es alarmante, dada su afición a emplear modelos, si en otros casos habrá repintado a Sabrina en el rostro de la Magdalena o a Albano en el de San José. Habría que buscar.

Otro caso distinto, es el caso del pintor Luis Berdejo, al que las Teresianas le encargaron para su sede en Roma el retrato de San Enrique de Ossó, sacerdote español y fundador de la Compañía de Santa Teresa de Jesús (Hermanas Teresianas) y gran impulsor de la educación cristiana, especialmente femenina. El pintor turolense, encontró el parecido con el docente, en el rostro de su sobrino Pepe, mi suegro: Medico, filósofo y un santo barón.

Como mi suegro siempre estuvo rodeado de mujeres y educó a tres, el parecido con el de Osso, no sólo fue físico sino también vivencial: Un santo y feminista convencido aunque de derechas. Ante él han rezado miles de exalumnas desconocedoras de su ciencia y sabiduría como endocrino.

Sino, seguramente hubiesen sido legión.

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