Desde los años setenta y procedentes de las bases norteamericanas de Rota y Torrejón, aparecieron en nuestro país unos curiosos aparatos que se han transformado a lo largo de los años en una herramienta indispensable e irremediablemente ligada al expolio arqueológico.
Estos aparatos se diseñaron inicialmente en la Primera Guerra Mundial para detectar minas y de ahí su nombre, Detector de metales. Después de la Segunda Guerra Mundial y ante la sobre producción se materiales bélicos y luego reciclados a la vida civil surgió una afición: El Detectorismo. Una actividad al aire libre en el que el aficionado se dedica a buscar objetos metálicos y ampliamente difundida en prácticamente todo el mundo occidental, aunque sobretodo en Europa por su rico acervo histórico.
Vamos llegando al momento delicado. ¿Expolio o afición deportiva?. A mi no me cabe ninguna duda: Según con el fin con el que se emplee el detector. Pero de eso se encarga la legislación de cada país o como las autoridades dedicadas a la protección del patrimonio lo consideren.
La Opinión Pública y los sectores profesionales, arqueólogos y cuerpos de seguridad en España los demonizan sin distinción y la ley los penaliza, ya que las leyes en este país están hechas para penalizar, no regularizar.
De acuerdo con las restricciones de cada una de las Comunidades Autónomas sobre su uso y limitaciones no se entiende demasiado bien donde está la gracia de una afición que puede convertir al aficionado en delincuente, ya que la diferencia entre Hallazgo Casual y Búsqueda, prohibida por la Ley de Patrimonio Histórico español, se basaría en el empleo de un aparato que detecta, es decir, que busca.
El Detectorismo es una afición al alza, ya que sin mayores datos que los que ofrece el sentido común, cuando se venden aparatos sin restricciones los supermercados, grandes superficies y plataformas de venta totalmente legales, por algo será.
Todo indicaría que es una ingenua afición ligada al tiempo libre y la naturaleza. En las diferentes asociaciones se habla de la actuaciones y límites de los asociados en cuanto a cuestiones relacionadas con la arqueología. Postura loable desde luego, y entonces surge otra pregunta ¿Qué se busca, si todo lo que esta enterrado bajo la superficie pertenece al Estado?. ¿Se dedican exclusivamente a limpiar ríos y buscar personas desaparecidas o detectar tuberías en mal estado?.
Con la aparición de asociaciones de detectoristas, incluso una federación nacional de asociaciones, parece que existiría una posición clara por parte de este colectivo o al menos una intención de regularización en sus objetivos y actividades. Hay asociaciones, perfecto pero ¿Cuántas asociaciones? ¿Qué número de aficionados se dedican esta actividad en España? ¿Cuál es su relación con el mundo científico? ¿Hay relación?, y si no lo hay ¿Por qué no la hay?.
Hemos constatado que hay un temor ha hablar abiertamente de estas cuestiones por parte de las Asociaciones de Detectoristas en España, lo que derivaría en un secretismo asociativo muy perjudicial, permitiendo que la ciencia, las instituciones y los medios continúen confundiendo tirios con troyanos.
En Pecados del Arte hablamos de Arqueofurtivismo, la parte delictiva del detectorismo y que entendemos, las asociaciones comparten. También quedan otras preguntas y respuestas que desearíamos poder ofrecer.
Al final depende de ellos, de las asociaciones y sus aficionados: Ser percibidos como Detectoristas o Piteros.