Este robo de azulejos de fachadas e interiores de manera sistemática (organizado o de manera individual), se empezó a detectar en 2001 en los mercadillos de la Ladra (Lisboa).
REDACCIÓN. El rey Manuel I de Portugal quedó fascinado al ver los azulejos de la Alhambra de Granada en el siglo XV y ordenó decorar el Palacio de Sintra con esta forma de decoración, popularizando su uso en el país. Asi, el antiguo palacio real (hoy Palacio Nacional de Sintra) que alberga la mayor colección de azulejos mudéjares o hispano-moriscos de Portugal y una de las más importantes de Europa.
En 1560 comenzaron a aparecer en Lisboa talleres de alfarería que producían azulejos con la técnica de la loza importada de Italia. Las pinturas se inspiraron en la cerámica italiana, con el azul de la herencia china y realizadas con técnicas aprendidas de los holandeses (Azul y blanco).
Fue en el siglo XVIII cuando empezó a utilizarse ampliamente en iglesias y conventos, casas y palacios, jardines, fuentes y escaleras. La decoración podía abarcar desde motivos geométricos hasta representaciones de historias de temática variada, desde lo religioso a lo profano.
Tras el terremoto de 1755, la producción de azulejos se aceleró para la reconstrucción de Lisboa. Los azulejos dejaron de ser patrimonio exclusivo de la nobleza y el clero y empezaron a extenderse a otros estratos de la sociedad. Fue entonces cuando comenzaron a fabricarse azulejos en serie, combinando técnicas semi-industriales o industriales.
Así el azulejo portugués se ha convertido en un símbolo de la artesanía popular portuguesa más reconocida mundialmente
Desde el año 2001 se empezó a detectar la venta masiva de estas cerámicas en mercadillos fundamentalmente en la Feira de Ladra, hasta que las autoridades lisboetas prohibieron la demolición de fachadas debe ser comunicada previamente. En los años de la Plaga y Encierro (Covid y Confinamiento) 2020 y 2021 el robo se sistematiza y hoy resulta ser una alarma, según diversos medios españoles, que no así, en medios portugueses que conviven con el problema desde hace lustros
Nuestros medios denuncian un mercado clandestino del patrimonio, cuando se ofrecen abiertamente en el mercado, mientras que los portugueses reconocen que la venta puede generar un mercado masivo de azulejos.
La emisora TSF portuguesa reconoce que las mismas autoridades portuguesas tiene problemas en identificar lo que sería “un expolio patrimonio” de un simple hurto vandálico, ya que no se especifica la categoría de baldosas históricas de las populares.
Las asociaciones de vecinos próximas a los mercadillos reclaman una mayor vigilancia porque estos provocan es el deslucimiento de las calles. A marchas forzadas la Policía Judicial portuguesa está formando a los agentes que patrullan los mercadillos.
Por otro lado el ciudadano de la calle tiene diferentes opiniones. Unos lo consideran un elemento tan común que no lo conceptúan como patrimonio. Otros simplemente se quejan del lamentable estado de las emblemáticas fachadas de las ciudades, como indica Comunidades Portuguesas, por lo que las campañas sensibilización e información dirigida al ciudadano será una medida fundamental para que se despierte una conciencia al respecto.
No obstante el asunto se agrava cuando el expolio se produce en edificios históricos como palacios e iglesias como la de Nossa Senhora da Conceição, en Monforte y los robos se han multiplicado por cuatro desde 2025.
Se han presentado diversas medidas de prevención, sobretodo las enfocadas a la venta final en mercadillos, pero la extracción (robo) ya sea por individuos o de forma organizada sigue siendo el quebradero de cabeza.
Los precios en punto de venta (mercadillos para turistas) oscilan de desde los 2€ a los 50€ y las intervenciones policiales pueden provocar sin duda , el canal de venta más temido y del que no se comenta nada, (seguramente porque la policia portuguesa se ve impotente) y es la venta OnLine, donde la demanda puede ser más exigente y venderse piezas históricas con mejores beneficios.
Las piezas más codiciadas son lógicamente las más antiguas (azul y blanco.) las mas recientes de estilo semi industrial, que presentan un arcoíris de colores y, patrones deslumbrantes son más económicas.
La técnica y producción del azulejo tradicional portugués está en proceso para ser inscrita formalmente como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.