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Los certificados de autenticidad: Cómo han evolucionado

(Foto: © autor).

IÑIGO DE GRACIA

Lunes 24 de abril de 2023

Un certificado de autenticidad es un documento que verifica la originalidad de un objeto y asegura que no se trata de una falsificación. Puede acompañar a una obra de arte, un autógrafo, una joya, un coche o un software, y suele incluir información relevante sobre el objeto, como su autoría, origen, fecha, características. Los certificados de autenticidad son esenciales para el comercio de objetos únicos porque proporcionan un requisito necesario para un mercado sano: la confianza.

Pero no todos los certificados son equivalentes. Por ejemplo, cuando el artista ha muerto, certificar su obra es un problema complicado. Podemos recurrir a un informe pericial, pero estos no certifican la autenticidad; su función es evaluar si las pruebas científicas son compatibles o no con la autenticidad. La verificación de obras por parte de expertos es un terreno pantanoso con innumerables ejemplos de abuso y errores. En estos caso, el certificado debería indicar la cualificación y los datos de contacto de la persona o entidad que autorizó el certificado. En la práctica el único que tiene autoridad real para certificar una obra de arte es su creador. Por eso la firma del artista sobre la obra es una tradición que se ha mantenido a lo largo de los siglos.

La historia de los certificados de autenticidad se remonta a la antigüedad, cuando se usaban sellos, firmas o marcas para autenticar documentos o productos. Todos tenemos la imagen de un rey estampando el sello real de su anillo en el lacre de un documento importante. Con el tiempo hemos inventado nuevos sistemas de certificación, como los hologramas, el papel de seguridad, las marcas de agua o la huella digital. Existen certificados criptográficos basados en firma electrónica y estándares internacionales como el COA (Certificate of Authenticity).

Sin embargo, a pesar de los avances, el método más simple y extendido sigue siendo un papel impreso, un sello y una firma. Por desgracia estas soluciones no son infalibles ni garantizan al cien por cien la autenticidad de los objetos. De hecho, existen una gran cantidad de piezas y certificados falsos, pero de tantísima calidad que han sido capaces de engañar a compradores y expertos. Cuando se descubren, estos fraudes generan grandes pérdidas económicas y de reputación. Por ello es importante contar con otros mecanismos para evitar ser víctima de dichas estafas. Otra razón para desear mejor protección para las obras de arte es el avance tecnológico: las inteligencias artificiales pueden fácilmente emular el estilo de un artista y crear imágenes infinitas. En este contexto, lo genuinamente humano adquiere más valor, y por ello la garantía de origen es más importante que nunca.

Una de las soluciones que pueden complementar los sistemas actuales son los certificados de autenticidad basados en la tecnología blockchain. Estos documentos tienen una parte física anticopia y otra digital que protege la información e impide su manipulación. Cada obra de arte se enlaza con su ficha única, firmada digitalmente por el creador y que contiene toda la información relevante. Esta capacidad de contener información les permite ser compartidas en redes sociales y realizar la función de un catálogo del artista.

Estas fichas o NFTs tienen varias ventajas: sirven para probar la propiedad de una pieza, por ejemplo en el caso de un robo, pero también es posible venderlas en plataformas digitales que usan criptomonedas como medio de pago. Además, permiten generar ingresos pasivos para los artistas, ya que pueden fijar un royalty para recibir una parte del beneficio cada vez que se vende su obra. En resumen, estos sistemas ayudan a los artistas y coleccionistas a identificar, rastrear y proteger sus obras de arte, y a conectarse con un mercado global sin intermediarios.

Un punto en contra de este tipo de certificados es que todavía está por establecer su validez legal como prueba pericial. Sin embargo, al ofrecer pruebas sólidas del origen, historia y transacciones, es probable que los veamos pronto en casos de robo y delitos contra la propiedad intelectual. En cualquier caso, su implantación es muy incipiente y la normalización de su uso dependerá de la adopción del mercado.

Otra posible crítica a estos sistemas es que son tan recientes que tanto la funcionalidad como la experiencia de usuario de los productos tienen mucho camino por recorrer. Por suerte el avance es imparable: miles de empresas están explorando este nuevo espacio de diseño, construyendo productos van a afectar la forma en que nos relacionamos y comerciamos. Al igual que sucedió con Internet, el cambio será más caótico, rápido y profundo de lo esperado. La ventaja de estos productos sobre sus sustitutos tradicionales son la seguridad y transparencia que heredan de blockchain.

Un mercado del arte más transparente y sin falsificaciones sería beneficioso para todos los actores involucrados en él. Minimizando el riesgo de copias no autorizadas los artistas verían reconocido su trabajo y talento de forma más justa.

Además, la transparencia permite una mayor visibilidad y acceso a posibles compradores e inversores. Para los galeristas, una mayor seguridad significa más confianza por parte de coleccionistas y compradores, lo que genera un mayor volumen de ventas y una interesante ventaja competitiva. Los coleccionistas son probablemente los más beneficiados, ya que la garantía de que la obra que adquieren es auténtica les asegura tranquilidad en el futuro y un mejor retorno de su inversión en el mercado secundario. En definitiva, un mercado del arte más seguro y transparente sería beneficioso para toda la industria, fomentando la creatividad y la originalidad, y generando un ambiente de confianza y estabilidad.

Iñigo de Gracia

Es Ingeniero Industrial

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