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¿Tiene usted un Goya? !Tráigalo que yo lo certifico!...

El falso experto de arte campa a sus anchas en España.

Por Lord of Glenn
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redaccionpecadosdelartecom/9/9/24
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martes 03 de marzo de 2026, 16:20h

Uno de los grandes males que soporta el mercado del arte español clásico (Old Masters) es la perversión existente en el ámbito de la autentificación a través de expertos espurios que perviven gracias a los propietarios desesperados que necesitan que sus cuadros sean auténticos. El Perito de Arte “Chungo” ha convertido al segundo mercado del arte español en un fraude mayúsculo en el que campa a sus anchas sin restricciones ni consecuencias.

Como Consultor de Arte con más de quince años de experiencia, sé de que hablo, porque parte de mi trayectoria se ha basado precisamente en tener que descartar, lo que otros han tenido el valor de certificar, y desfachatez de intentar vender como bueno.

Como decía anteriormente el gran culpable es el propietario de la obra, que desembolsará lo que haga falta para que un vulgar estafador blanquee su supuesta obra maestra. Y digo ESTAFADOR en mayúsculas pues es capaz de redactar un informe que induce a engaño, es decir a FRAUDE.

Pensamos que la estafa se realiza únicamente pensando en el incauto que comprara la obra falsa, pero olvidamos lo más importante: Al autor, la historia del arte y el coleccionismo publico y privado, ya que se con una obra falsa, éstos se alteran e intoxican de manera irremediable.

Quede claro que el asunto de los expertos, peritos y demás figuras, son eso figuras retóricas fruto de malas traducciones (del francés especialmente) y confusión de la terminología como lo son Peritar, Expertizar o Certificar.

El único que puede certificar una obra de arte es el propio artista, la máxima autoridad y el único que puede garantizar la originalidad de su pieza y si ha fallecido el comité de expertos de ese autor o en el peor de los casos la figura académica reconocida, que normalmente ejerece en un museo y por tanto no puede certificar para el público.

Un Perito es un experto independiente que emite un dictamen objetivo tras un análisis contrastado con otra información fiable e independiente, pero nunca tendrá la autoridad y validez para dar por buena.

Esto sucede por varios motivos además del mencionado. Un Experto Chungo actúa impunemente y por otro lado los Tribunales lo perpetúan con su ignorancia o escasa diligencia. Situación cuanto menos grotesca cuando a usted, ciudadano, se le recuerda que la ignorancia de la ley no le exime de culpa por su incumplimiento.

¿Quién les ha otorgado esa categoría? ¿El Mercado?¿La Academia de Historia? ¿Las Academias de Bellas Artes?. No es el caso.

Hay quien incluso tiene la osadía en afirmar que ha escrito un par de libros monográficos (calificados muy a la ligera como “catálogo razonado”) sobre algún autor, sufragados por algún coleccionista que necesita que precisamente, haya un catalogo razonado donde figure su obra. Lamentablemente yo también tengo varios en el cajón y ahí se van a quedar. ¡Por suerte para el mundo del arte!.

El fenómeno de los Expertos Chungos o Falsos Peritos surge con fuerza en los primeros años del 2000. Muchos aficionados al arte se engancharon a una oferta formativa como tabla de salvación profesional durante las crisis del 2006.

Surgieron Asociaciones de Peritos Judiciales como champiñones y todas ofrecían formación para convertirse cómodamente (y desde casa) en Perito Judicial de Arte en 300 horas. El curso de marras surgió en Barcelona y pronto muchas asociaciones se apropiaron de él. Era Online y por lo visto no estaban muy al día en cuestiones de pirateos, (y eso que eran criminólogos, también), y a su vez lo vendieron a futuros alumnos con la promesa de una nueva salida profesional. La escuela de Barcelona a su vez, vendió el curso a universidades privadas de nuevo cuño y dudoso prestigio. Por supuesto ni el cursillo de Barcelona, ni el que imparten las asociaciones de peritos ni el de las universidades privadas está homologado, por tanto ese titulo es papel mojado.

El vacío de Colegios Oficiales que fuesen un órgano regulador de la actividad tampoco ha ayudado demasiado, lo que finalmente ha desembocado en el Cristo antes mencionado de la perpetuación del chorizo rampante.

Añádase a esto que la judicatura tampoco está a la altura de acometer este tipo de delitos con soltura, ya que si bien no hay juzgados especializados en el ámbito del arte y del patrimonio para tanto delincuente como hay, entre estafadores y falsificadores, jueces y fiscales con sensibilidad y conocimientos para estas cuestiones se pueden contar con los dedos de dos manos. Es decir que se miren las cosas con atención.

Llegamos a la madre del cordero, es decir la norma que permite que un tipo, Experto Chungo, pueda salir de rositas cuando se interviene una obra falsa acompañada por un informe suyo diciendo que es un Goya, por poner un ejemplo. Amparándose en el prometo que de acuerdo con mi ciencia y saber, actúo con la mayor objetividad posible y siempre de acuerdo con la información y documentación aportada, y que según como vaya el asunto, hasta puede decir “Me equivoqué”, y librarse.

Pero no se olvide. Quien verdaderamente es la causante del mal y alimenta a esta fauna son los propietarios de las obras que serán capaces de pagar a falsarios con tal de dar cierta validez a una obra de arte, de la que no tiene ni idea de lo que es, cuestión que merece un articulo aparte sobre la calidad del coleccionismo, ya que quieren que un cuadro que recibieron del abuelo, sea una obra maestra. Yo al menos soy más realista. Por lo menos pago el boleto de la loteria.

Por supuesto, el comerciante que acepta estos certificados chungos para vender la pintura en cuestión también es responsable, aunque les aseguro que perito falsario y vendedor, comen en el mismo plato o si lo prefieren, están conchavados en la estafa.

Esto a llegado a veces hasta ejemplos tan ridículos o grotescos como cuando vi hace años, un “naufragio escocés” o un retrato de “Lady Hamilton vestida de pastora” ambos certificados por uno de estos Expertos Chungos como obra inédita de Goya hace años.

Así, con un código penal laxo y anticuado ante las faltas que se cometen: Certificados falsos, intento de estafa, desacato al juez, no declarar ante la policía y contrabando de falsificaciones, como diría aquel: É la nave va...

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