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¿No le falta algo a la Corona de Recesvinto?
¿No le falta algo a la Corona de Recesvinto? (Foto: © Sergio Cebrián)

La “R” de la Corona visigoda de Recesvinto: una restitución pendiente.

Por Sergio Cebrián
viernes 03 de abril de 2026, 10:00h

En 1858 tuvo lugar en Guarrazar (Toledo) un extraordinario descubrimiento que conmocionó a la sociedad española, tanto por su origen como por su desenlace. Un tesoro compuesto por coronas votivas donadas por reyes visigodos había sido accidentalmente descubierto por varios campesinos de la localidad. El conjunto presentaba un carácter único dentro de la orfebrería altomedieval europea y enseguida llamó la atención, pero no por su valor histórico, sino por su valor material intrínseco, puesto que las joyas estaban fabricadas en oro y piedras preciosas. Por esta razón, y por ignorancia y desidia, buena parte del mismo fue despedazado, mal vendido y fundido.

Pero la mayor parte del tesoro restante acabó vendido por un avezado profesor de francés en la Academia Militar de Toledo, Adolphe Héroauart, al Gobierno francés en 1859, para ser expuesto en el Museo Nacional de Arte Medieval, más conocido como Museo de Cluny, en París. El hecho causó un gran debate en la sociedad isabelina del momento, en un país que se había visto incapaz, una vez más, de proteger su legado histórico.

En el año 1941, como fruto de un acuerdo entre los gobiernos francés y español, se estableció una intensa negociación en torno lote del llamado Tesoro de Guarrazar que componía parte de dicho intercambio.En la negociación de dicho acuerdo resulta necesario tomar en consideración el contexto histórico y político del momento, con un Gobierno franquista en España, cuyo ministro de Asuntos Exteriores era Ramón Serrano Suñer, y una Francia bajo tutela alemana, con el régimen de Vichy encabezado por el mariscal Pétain.

Este aspecto resulta fundamental pues probablemente en otras circunstancias dicho “intercambio” no se hubiera producido en ningún caso. España reclamaba unas piezas fundamentales de su patrimonio artístico (La Dama de Elche, los archivos de Simancas robados durante la invasión napoleónica, el propio Tesoro de Guarrazar), y el Gobierno francés optó por aceptar una serie de obras de arte ofrecidas por el Gobierno español, de importancia, pero sin parangón alguno con la calidad de las piezas devueltas a España.

Conviene recordar que todos los lotes devueltos por el Gobierno francés- a excepción de la llamada Inmaculada “Soult”, de Murillo, robada de Sevilla por el mariscal napoleónico Nicolás Soult-, habían sido adquiridos con la base legal necesaria y no constituían fruto de expolio por parte de Francia- esto a pesar de que en el caso del Tesoro de Guarrazar se intentó, en 1861, recién salido de España, la justificación legal y razonada de que se había cometido un expolio pues el hallazgo no había sido comunicado debidamente a las autoridades. Este intento no resultó exitoso y tampoco fue evocado posteriormente en 1941.

Parece indudable que Francia jugó la baza de contentar a España con una carta más en un momento en el que el Gobierno franquista sopesaba la participación en la Segunda Guerra Mundial al lado de las potencias del eje, una semanas después de transcurrido el encuentro entre Adolf Hitler y el Francisco Franco, en Hendaya (Francia).

Finalmente, buena parte de las piezas pudieron retornar en 1941, y entre ellas la más importante, la Corona de Recesvinto. Pero dicha corona no vino entera. Le faltaba la “R” inicial de la leyenda que cuelga de la corona: “Reccesvinthus rex offeret”. Esa pieza quedó en París, de manera sorprendente.

La "R" no devuelta, © Sergio Cebrian

También ocurrió lo propio con una cruz que colgaba de una de las coronas caladas menores y otras piezas menores (pendeloques), que no fueron devueltas. Esta cruz no se expone actualmente en Cluny tras la última reforma que ha situado las coronas de Guarrazar en una ubicación principal del museo, justo a la entrada, y sí se exponía en la exposición previa.

¿Por qué aquella “R” y las demás piezas habían quedado en Cluny?. Las hipótesis varían entre el extravío o descuido en en algún momento del embalaje y transporte, por parte de los operarios del museo o bien habían sido expresamente obviadas del intercambio por parte de operarios o autoridades del museo o del Ministerio de Asuntos Exteriores francés, para “conservar” un recuerdo de dicho tesoro, más amplio del que el propio acuerdo había concedido.

Para dilucidar el caso, correspondía una investigación en archivos.Tanto el Archivo Histórico Nacional de Madrid, como el Archivo Nacional de la Administración de Alcalá de Henares, por parte española, como en el Archivo del Ministerio de Asuntos Exteriores francés, en sus sedes de París y Nantes.

En toda la documentación que fue consultada en dichos archivos no hay registro alguno de que se recibiera la corona de Recesvinto sin su “R”, excepción hecha de la carta remitida por el entonces director del Museo del Prado a la recepción de lote desde París, Javier Sánchez Cantón, puesto que fue su primer destino, y el del Museo Arqueológico Nacional (MAN), Blas Taracena Aguirre, en 1943, cuando dicha institución recibió el lote para proveniente del Museo del Prado, como lugar de ubicación definitiva.

Si hacemos alusión al acta que recoge el acuerdo diplomático entre gobiernos, firmado por el embajador de Francia en España, François Pietri, y el ministro de Asuntos Exteriores español, Ramón Serrano Suñer, el 27 de junio de 1941, se cita expresamente el contenido del intercambio de obras de arte. Se alude a las seis coronas objeto del acuerdo, y por tanto a todos sus componentes. También se citan en el Diario Oficial del Estado Francés del 20 de julio de 1941 se incluye el acuerdo diplomático de intercambio, por ley de 19 de julio, incluyendo además los “ elementos de suspensión” (pendeloques) que tampoco fueron devueltos.

No se constata mayor incidencia en su traslado o manejo, en origen o en destino, por lo que concluimos su ausencia en el lote enviado a Madrid se debió a una negligencia por parte de los operarios del Museo de Cluny, negligencia que no fue documentada ni por los servicios diplomáticos franceses ni españoles, en dicho momento del envío o recepción.

Parece evidente que la R de la corona de Recesvinto fue arrancada a propósito de la corona. La principal hipótesis es que así se procedió como muestra de desacuerdo de los conservadores del museo respecto a la decisión del Gobierno francés sobre su devolución, anulando la hipótesis del ‘olvido’ o ‘negligencia’ accidental.

El hecho de que ante dicha falta en la entrega no se reaccionara por parte de las autoridades españolas se pudo deber a la delicada negociación que acompañó todo el proceso y el traslado de otros lotes contenidos en el acuerdo, y particularmente lo referente a los archivos de Simancas, en los que hubo entregas parciales por parte de Francia y una tensión sostenida hasta que se completó la entrega total de los archivos.

Por tanto, deducimos que el acuerdo de devolución de las piezas del Tesoro de Guarrazar concluido entre los gobiernos francés y español en 1941 no fue cumplido en su totalidad, y que debido a un seguimiento irregular del proceso de devolución, causado en parte por la discusión y negociación- extremadamente delicada- sobre otros componentes incluidos en el lote del acuerdo, y a un contexto histórico y político complicado y tormentoso, determinadas piezas incluidas en los acuerdos no fueron devueltas.

Esta base argumentativa constituye el principal fundamento para proceder a la reclamación formal de dichas piezas por parte del Gobierno español al Gobierno francés, para que la “R” de la Corona de Recesvinto, la cruz que componía una de las coronas de menor tamaño, y los elementos colgantes citados expresamente en el acuerdo, puedan reunirse con el resto de letras y de piezas que componen el Tesoro de Guarrazar, en su actual ubicación del Museo Arqueológico Nacional (MAN) de Madrid, completando así el contenido del acuerdo diplomático de 1941.

Corresponde estudiar la vigencia del acuerdo entre los dos gobiernos, y el posible respaldo de la normativa de derecho internacional frente a una posible demanda de restitución (art. 26 Convención de Viena sobre tratados internacionales de 1969, con la regla de “pacta sunt servanda” y el soporte de los principios de derecho consuetudinario, vigentes en 1941. También resulta relevante el contexto actual, favorable a la restitución de piezas del patrimonio histórico obtenidas bajo determinadas circunstancias de presión o expolio. Así lo contempla la reciente legislación del Senado francés, que aprobó una ley en este sentido en el mes de enero de 2026, si bien centrada en los antiguos territorios coloniales, pero que podría ser reinterpretada de modo favorable al caso.

Algún autor, ha defendido, en aras de evitar una complicada vía jurídica, la vía de la “reconsideración diplomática”, incidiendo en la necesidad de completar la “unidad de la obra” y en el sinsentido de que la pieza permanezca separada de la corona a la que pertenece.

Quizá la solución para este caso que nos ocupa sea un camino intermedio entre una sólida fundamentación jurídica y una prueba de voluntarismo político al amparo del actual contexto histórico de restitución de obras procedentes de expolio.

Por coherencia histórica, artística y jurídica, la “R” debe completar la Corona de Recesvinto.

Corona Votiva de Recesvinto, una pieza fundamental del tesoro de Guarrazar que data del siglo VII.

Actualmente, se encuentra expuesta INCOMPLETA en el Museo Arqueológico Nacional en Madrid. © MAN

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