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EL LAVADERO SUIZO

Hildebrand Gurlitt y sus colegas suizos
Hildebrand Gurlitt y sus colegas suizos

Suiza, el socio fiel del III Reich

Suiza ha sido el principal centro de ventas, tránsito y deposito del arte sustraído por los nazis antes, durante y despues de la II Guerra Mundial.

Por Redacción
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admincibelesnet/5/5/13
cibeles.net
domingo 14 de agosto de 2022, 13:21h

No es posible determinar ni el número de obras y objetos que se vendieron ni los que se escondieron o siguen escondidos.

REDACCIÓN- La financiación nazi a través del arte, antes y durante la II Guerra Mundial no sería posible entenderla sin la colaboración del pequeño país alpino. Aunque lo más importante sigue siendo la discreción y el secretismo que envolvió y todavía rodea esta cuestión.
En Suiza encontraron refugio miles de exiliados políticos y familias judías y sus bienes, pero también comerciantes y marchantes de arte filo nazis y contratados directamente por el gobierno alemán del III Reich. Así, Suiza se convirtió en un importante centro de venta de arte durante y después de la época nazi.
Entre 1933 y 1945, los nazis llevaron a cabo una política de expropiación sistemática de obras de arte y objetos artísticos. Primero se confiscaron a los judíos en Alemania y Austria, y al estallar la guerra en los países ocupados fundamentalmente en Francia, Bélgica y Holanda.
Se ha fantaseado mucho sobre el tipo de obra de arte que se expolio y que tipo de obra se destruyó por motivos ideológicos. Oficialmente los nazis estuvieron interesados por el arte clásico de clara influencia pangermánico y que debía formar parte del faraónico Museo de Arte del Reich en Linz y que nunca se realizó.
También se cuenta que la obra considerada Arte Degenerado fue destruida. Hay que ser un iluso para pensar que el arte más valioso del momento (los llamados Ismos y las Vanguardias) fueron pasto de las llamas en las noches rituales nazis de quemas de libros. Esas obras precisamente fueron las que mayores réditos aportaron al régimen nazi a través de su venta a coleccionistas fundamentalmente americanos (privados y museos) y fue en Suiza donde se llevaron a cabo su custodia y transacciones.
También fue la oportunidad para ricos que empresarios y fundaciones helvéticas creasen importantes colecciones y pinacotecas, como el Museo de Arte de Zurich, la colección Gührler, las fundaciones Bruno Lohse y de Ante Topic Mimara, el Museo Leopold de Viena (fundación privada, gestionada por las autoridades austriacas) y más de diez pinacotecas.
Su eterna neutralidad ha otorgado a Suiza un status de inviolable hasta el punto que su propia legislación se ha redactado al margen de tratados y convenciones. Algo así como: “Sin mis propias leyes, no sería tan neutral ni inviolable,
como a ti te conviene que sea”
Pero claro, los tiempos cambian. Este cambalache de neutralidad y conchaveo ya no gusta a todos los suizos y la presión de la Opinión Pública sobre esta postura hipócrita de derechos humanos por un lado y latrocinio por el otro ha llevado a que el gobierno helvético se haya visto obligado a dar explicaciones después de casi 80 años de tanto oscurantismo legal y secreto bancario.
En 1998 se firmaron los Acuerdos de Washington. 44 países firmaron un acuerdo para facilitar la identificación y restitución de obras de arte espoliadas por los nazis. Estas reglas no vinculantes fueron poco eficaces como era de esperar.
Pese a la voluntad política manifestada en Alemania, Austria, Holanda, Francia y, en menor medida, Reino Unido, las indagaciones sobre el origen generalmente comienzan una vez presentadas las demandas de restitución pero las autoridades e instituciones han actuado raramente de forma proactiva.
Según informa Swissinfo.ch en junio de 2013, la Oficina Federal de Cultura (OFC) publicó en versión digital una serie de documentos e informaciones. (No se preocupen, la página no funciona…).
El objetivo de los documentos digitales que la OFC, teóricamente reunir la información disponible y promover la realización de controles para determinar el origen e identificar las obras de arte expoliadas.
Las autoridades helvéticas encargaron al historiador del arte Thomas Buomberger la elaboración del primer informe oficial sobre el papel de Suiza como país de tránsito de obras de arte expoliadas durante la guerra.
Buomberger no está convencido de que las informaciones sobre la procedencia que ofrece la web de la OFC sean suficientes. “No existe una ley que obligue a los comerciantes de arte y a los museos a determinar los orígenes de la propiedad…Hay una clara voluntad del mercado del arte de esconder la porquería debajo de la alfombra”, admite el experto.
En su opinión, “Los descendientes de comerciantes implicados en la venta de obras robadas podrían estar aún en posesión de valiosos archivos, a menos que los hayan destruido”.
Respecto a los museos este experto aclara: “Los depósitos de los museos que no han sido examinados y los archivos que han desaparecido son las cajas negras del mundo del arte”.
Por su parte y sobre este particular, Benno Widmer, director de la entidad que se ocupa del arte expoliado en la OFC, subraya que la situación es más compleja en el caso de las decenas de miles de obras que los nazis sustrajeron en los países ocupados, ya que no se logró identificar a muchos de sus propietarios. La labor de rastrear el origen resulta mucho más difícil.
“Cada obra de arte tiene su historia y pedimos a los museos que indaguen”, pero parece que los museos suizos no están por la labor. Una investigación que la OFC llevó a cabo en todos los museos suizos logró esclarecer la procedencia de solo una de cada cuatro obras adquiridas entre 1933 y 1945. “Los museos nos dicen que les hemos facilitado los instrumentos adecuados”, asegura Widmer.
Según los expertos consultados por Swissinfo.ch, Suiza es parte del problema, pero también tiene la clave de la solución. Si salen a la luz los documentos que certifican las ventas en suelo suizo durante la postguerra, las dudas que rodean el mundo del arte podrían despejarse parcialmente, ya que impediría que los actuales propietarios ignorasen el origen de las obras en su posesión.
El tiempo apremia para los supervivientes de las familias expoliadas a las que los nazis confiscaron colecciones de arte durante la Segunda Guerra Mundial. Las demandas de restitución son cada vez más complejas y abarcan varias jurisdicciones, por lo que muchos herederos desisten de emprender medidas.
¿Tal vez no será lo que espera la neutral Suiza?
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