J.LL. El pasado jueves 8 de enero, se presentaban en rueda de prensa en el Museo Nacional de Arqueología (MAN), dos esculturas romanas de bronce excepcionales, expoliadas en España entre 2007 y 2008, y ecuperadas por la Policia Nacional.
Las esculturas han estado expuestas desde 2014 en el Metropolitan Museum de Nueva York (con nº L.2014.38.3 a y b.), hasta la devolución al Estado Español de manera totalmente desinteresada por su propietario en 2025, que las adquirió en buena fe en Christie´s Nueva York en 2012. Por aquel entonces su estimación de venta estaba entre 3 y 5 millones de dólares.
Las esculturas, han sido datadas entre los siglos I y II d.C. y representan una escena singular de dos niñas de corta edad que persiguen perdices y procedentes posiblemente de algún yacimiento del sur de la Península.
Expoliadores dejando rastros en la prensa
La investigación se inició por parte de la Brigada de Patrimonio Histórico de la Policía Nacional, entre los años 2007 y 2008, tras tener conocimiento de una información relativa al hallazgo de varias piezas romanas de bronce de relevancia que habían permanecido enterradas, pero no será hasta 2023, tras detectarse diversas publicaciones en la prensa suiza relacionadas con un procedimiento judicial , en cuyo trasfondo figuraba la adquisición de las esculturas romanas investigadas, y que iniciará una compleja investigación en el marco de la Operación Resplandor.
Aquellos artículos publicados en 2018 hablaban de un ciudadano español que había denunciado a unos supuestos socios (uno Italiano y otro suizo) por malversación, estafa, receptación, apropiación indebida y falsificación de documentos por la venta de las piezas a través de una conocida casa de subastas en el año 2012
El denunciante argumentaba que las piezas pertenecían a su familia desde hacía décadas, aportando fotografías de los bronces en su domicilio en España antes de que fueran restauradas, así como documentos notariales en los que familiares y amigos del denunciante, para confirmar la propiedad de las esculturas.
Según manifestó el denunciante , al ver las piezas, los denunciados le habrían propuesto llevar a cabo una restauración y llegaron a un acuerdo verbal para que las esculturas fueran trasladadas a Reino Unido y posteriormente a Suiza, todo ello de manera ilegal y por tanto, cometiendo un delito de contrabando.
Una vez restauradas, los “socios” del español comprobaron de que estaban ante un conjunto único que podría estar valorado en varios millones de euros y decidieron cerrar un trato de palabra con el denunciante para llevar a cabo la venta y repartirse los beneficios de la misma. Por supuesto el español, se quedó con un plamo de narices.
Fue el suizo, el encargado de darle un origen lícito a las esculturas presentando diversa documentación para el proceso de blanqueo de las piezas, acreditando que las esculturas pertenecían al reconocido coleccionista Giovanni Züst, versión que se descartó en el juicio, al presentar el español varias fotografías de las piezas en el interior de su domicilio antes de que fueran restauradas.
Todo aquello sirvió para que la policía española investigase por su cuenta. Identificaron al español y tras llevar a cabo diversas gestiones en su entorno, se recabaron nuevos datos que indicaban que las esculturas no habían pertenecido a su familia desde hacía décadas, sino que habían sido expoliadas de algún yacimiento de español, probablemente de la Bética en el sur de la península ibérica y posteriormente entregadas a los denunciados, que investigados a su vez por la Policia Nacional, resultaron ser unos habituales del "negocio".
La prescripción del delito como estrategia
Tras ponerse la investigación en conocimiento del juzgado competente, se incoaron diligencias previas que finalmente fueron archivadas al considerar prescritos los delitos de expolio arqueológico, daños, contrabando y blanqueo de capitales, circunstancia habitual en este tipo de investigaciones, ya que entre la comisión del delito contra el patrimonio histórico y la reaparición de las piezas ya blanqueadas suele transcurrir un largo periodo de tiempo para dificultar la acción judicial.
Los investigadores sitúan el expolio de las esculturas en torno a 2007, por lo que el hecho de que la denuncia se interpusiera diez años más tarde, probablemente fue con el fin de que hubieran prescrito todos los delitos.
La investigación continuó con el objetivo de localizar las esculturas y como la última venta se realizó en Christie’s Nueva York, , se solicitó la colaboración de Homeland Security Investigations, a través de la embajada de Estados Unidos en Madrid, lo que permitió finalmente contactar con el propietario de las esculturas, que las había adquirido de buena fe en el año 2012.
Mención aparte, merecen las gestiones de la Brigada de Patrimonio Histórico con el propietario de las esculturas, que una vez tuvo conocimiento del origen ilegal de los bronces, decidió cederlos de manera irrevocable y gratuita al Estado español.
Finalmente, el pasado día 20 de diciembre, las piezas llegaron al Aeropuerto de Madrid-Barajas desde Estados Unidos vía Frankfurt, por lo que se recabó la colaboración de la Comisaría del Aeropuerto y posteriormente fueron depositadas en el Museo Arqueológico Nacional, en Madrid.
Su recuperación ha sido «el punto final de un año de éxitos en el que la Brigada ha recuperado más de 10.000 objetos arqueológicos de distintas épocas y con un enorme valor económico e histórico», ha destacado por su parte José Ángel González, jefe de la UDEV Central.
La investigación policial para conseguir el retorno de los bronces, ha contado con la colaboración del Agregado de Interior en Suiza, el apoyo del Ministerio de Cultura a través de la Subdirección de Registros y Documentación del Patrimonio Histórico y del Museo Arqueológico Nacional, del departamento de Aduanas de la AEAT y la empresa de transportes DHL Express Alemania y España.