REDACCIÓN según Informa Guardia Civil, agentes del SEPRONA de Soria ha detenido a dos arqueofurtivos presuntamente usuarios de detectores de metales en posesión de 23 piezas arqueológicas expoliadas en Augustobriga, la actual Muro .
Los detenidos son dos hombres de 31 y 52 años procedentes de la Rioja.
La investigación tuvo su inicio en las labores preventivas de seguridad ciudadana de una patrulla del Puesto de Soria que inicialmente identificó a los detenidos en las inmediaciones del yacimiento arqueológico de Augustobriga, localizando en el interior del vehículo en el que viajaban piezas sospechosas de proceder de expolio por lo que fueron incautadas en ese momento.
La investigación a cargo del Seprona de la Comandancia culminó el día 28 de enero con la detención de los dos presuntos autores del expolio y la incautación de dos detectores de metales supuestamente usados en la comisión del delito.
Los bienes incautados han sido depositados en el Museo Numantino,
Posteriormente las diligencias instruidas fueron puestas a disposición del Juzgado de Guardia de Soria y se dio cuenta de los hechos al Servicio Territorial de Cultura de la Junta de Castilla y León con el objetivo de determinar los daños causados al yacimiento.
«Modus operandi»
Según explica la Guardia Civil, La forma de actuación de los arqueofurtivos con detectores de metales, es la localización de objetos metálicos enterrados mediante el uso de estos aparatos
aprovechando las circunstancias de aislamiento y oscuridad y guiados únicamente por el rastro de los objetos metálicos excavan el terreno con una azada u objeto similar, removiendo el terreno, rompiendo las vasijas y fragmentando todo tipo de materiales tales como huesos, cerámicas, restos de madera, cuero o telas y esparciéndolo por el lugar.
“El objeto final de estos pretendidos arqueólogos, o numismáticos como ellos mismos se definen,
es el hallazgo principalmente de joyas, monedas u objetos característicos que se venden entre coleccionistas o anticuarios, obviando su origen ilícito», explica la Guardia Civil.
La remoción del terreno, «conlleva la descontextualización, pérdida o apropiación de los materiales históricos. Además una destrucción del sustrato arqueológico que se considera de suma gravedad desde el punto de vista cultural y científico, especialmente si se tiene en cuenta el escaso beneficio que toda la operación reporta al arqueofurtivo”