REDACCIÓN. Holanda como país ocupado por los nazis en 1940 todavía se enfrenta al obscuro pasado de ese periodo: Asumir que muchos de sus ciudadanos colaboraron estrechamente con el invasor.
Este es el caso de uno de ellos. Un descendiente, que se quiere mantener en el anonimato, ha descubierto recientemente que un cuadro que pertenecía a su familia desde hace 86 años, fue expoliado por un antepasado suyo. Y no cualquiera sino una “bestia negra” de la colaboración: el general Hendrik Alexander Seyffardt de la Legión Waffen SS de Voluntarios de Países Bajos, un parentesco que desconocía, ya que su madre era nieta en segundas nupcias de este militar y nunca reveló quien era su auténtico abuelo, ya que incluso se habían cambiado el apellido.
Además de descubrir ese pasado familiar, el descendiente ha descubierto que una pintura que pertenecía la familia, “Retrato de una Joven” del artista holandés Toon Kelder, fue saqueada durante la ocupación de acuerdo con las leyes de ocupación entonces vigentes.
Este descendiente se puso en contacto con el periodista de sucesos neerlandés John van den Heuvel, conocido en los Países Bajos por sus reportajes sobre el crimen organizado y las investigaciones criminales de alto perfil que ha publicado la historia en el diario TELEGRAAF.
La pintura procedía de la famosa colección del marchante de arte judío Jacques Goudstikker antes de ser confiscada durante la ocupación nazi de los Países Bajos y que sigue siendo una de las reclamaciones más importantes de arte robado por los nazis. Herman Goering, comandante supremo de la fuerza aérea alemana, adquirió todo el catálogo en una compra venta forzada.
No obstante algo debía sospechar el descendiente cuando la nieta del colaborador ya le advirtió en su momento: “Ese cuadro no debe venderse jamás porque es arte judío saqueado, robado a Goudstikker. Es invendible. No se lo digas a nadie”, dato que se confirmó al descolgar el cuadro y comprobar que todavía se conservaba una etiqueta al dorso que así lo confirmaba.
Una vez el descendiente conoció su verdadero origen contactó con el periodista y éste con el mediático Arthur Brand, el conocido “detective del arte” que maneja las “cuestiones de los anonimatos” con gran pericia a pesar que sus descubrimientos son inmediatamente difundidos a nivel mundial.
Brandt contactó con los abogados que representan a los herederos de Goudsktikker. En su respuesta, estos le indicaron que podían “determinar que esta obra junto con otras dos más del mismo pintor se incluyeron en la venta realizada por la casa de subastas Frederik Muller, de Ámsterdam el 9 de octubre de 1940.
Queda la cuestión de la restitución del cuadro a sus legítimos propietarios, es decir los herederos del marchante Jacques Goudstikker que nada más enterarse de la noticia, reclaman la pintura desde Estados Unidos. El descendiente tiene esa intención ya que se siente avergonzado de su antepasado y el modo en el que obtuvo la pintura , aunque parece que la nieta del nazi holandés, no es de la misma opinión ya que se muestra indecisa a pesar de que ella misma reveló el pasado de la pintura.
Únicamente la presión de la opinión publica podría hacer cambiar de opinión a la propietaria, ya que la pieza va a ser invendible en el mercado debido a su pasado como obra de arte saqueada.
Como cometa Brandt «La familia, que obviamente no tiene ninguna culpa personal por los crímenes de Seyffardt, ha tenido la oportunidad durante décadas de hacer lo correcto y devolver este cuadro. Optaron por no hacerlo», aunque para ser justos y de acuerdo con el comentario de la nieta (privadisimo) si está claro que sabían cual era la procedencia de la pintura
En todo caso, el asunto va a presentar sus dificultades: Desde el punto de vista legal, la policía neerlandesa no podría confiscar el cuadro debido a que el caso ha prescrito. Por su parte, el Comité de Restitución, que asesora al Gobierno sobre el arte robado por los nazis, carece de competencias para ordenar registros o incautaciones. Solo se ocupa de las reclamaciones efectuadas contra el Estado neerlandés. No tiene autoridad sobre particulares.
Más de ochenta años después de la guerra, el redescubrimiento de este retrato de Kelder demuestra que el robo cultural nazi aún persiste no solo en archivos y tribunales, sino también en hogares comunes donde sus actuales poseedores quizás ahora comienzan a comprender.