Los británicos mal que nos pesen, es lo más parecido a un autónomo español. Sobrevivirán a un ataque nuclear como las cucarachas.
Los británicos no sólo aman su país. Aman y están orgullosos de su historia y sus tradiciones de manera casi enfermiza. Tal vez porque son conscientes de que en el fondo , al ser una isla, son o han sido vulnerables.
Soy persona viajada con poco selfi en mi haber. Digamos que la Experiencia me la paso por el forro. Soy más de fijarme en detalles nimios. En aquellas pequeñas cosas que son una constante y en el fondo forman parte de una sociedad.
Las pequeñas cosas en una sociedad son básicas. Se construye y cimienta desde abajo.
Gracias a tener que rellenar canales de TDT en abierto, han llegado casual y afortunadamente, desde hace años multitud de programas sobre antigüedades. La gran mayoría británicos. El tema de las subastas y chamarileros se lo dejo a los norteamericanos y a su obsesión por recuperar y conservar los distintivos de su cultura basada en la sociedad de consumo. Cuando hablo de Sociedad de Consumo como distintivo cultural, no quiero que se entienda en absoluto como algo peyorativo ¿Acaso nuestro barroquismo lo es? ¿O la precisión mecánica centroeuropea es una obsesión de frikis?.
¿Los británicos aman las antigüedades?¿Por qué esa obsesión de los ingleses por sus antigüedades?. Esta pregunta me ha corroído de envidia durante años. Yo soy un amante de las antigüedades, no de aquellas consideradas de firma, como las francesas, fruto de la obstinación de Luis XIV, cuando creó y fomentó las Grandes Manufacturas Reales (Manufactures Royales) de artesanía. España con Carlos III hizo lo mismo con las hoy desaparecidas Reales Fábricas. ¿Era una cuestión de simple lujo a la francesa?. Supongo que empiezan a ver por donde voy.
Ha sido nuestra perspicaz redactora jefe quien aplicando su lógica, respondió a mi pregunta, mientras engullía chuches: “Los ingleses están profundamente orgullosos de su país y su historia y esos objetos producidos por ellos, son un reflejo de su historia”. ¡Coño, que simple!. Siempre digo lo mismo. No busquemos rebuscados sofismas. La realidad es mucho más elemental.
A diferencia de los británicos, nuestros talleres y los franceses, por destacar entre la tendencia Ilustrada del siglo XVIII, fueron considerados o asimilados a la realeza y a la aristocracia. ¡Mala atribución en países tan caínitas!, lo que provocó la desaparición parcial de muebles, tapices, vajillas o cristales en momentos revolucionarios. Posteriormente la incultura, el frío y las guerras hicieron el resto.
Los ingleses vinculan sus antigüedades y artes aplicadas al momento histórico que les ha dado mayor esplendor y gloria. Su Revolución Industrial y la consolidación de una clase media hogareña, más o menos cultivada, y muy sensible a reconocer con orgullo patrío sus ”Pequeñas Cosas”, que proponía hacerles la vida más feliz y cómoda, no exenta de su particular gusto por lo bonito, que no bello.
Las antigüedades británicas en Inglaterra son asequibles. Obviamente si te gustan las antigüedades. Empecemos por ahí. La producción artesanal anterior a la Revolución Industrial es cara, nadie lo duda, pero la producida durante y después, aplicando los procedimientos industriales al diseño artístico sin olvidar la calidad, no lo son tanto. De hecho ese era su objetivo. Abaratar o hacer accesible al gran publico esos objetos y enseres, convertirlos en prácticos y duraderos y fácilmente reconocibles.
Son objetos que reflejan precisamente la democratización de las artes aplicadas a través de su producción y diseño innovador, y gracias al poder del imperio aportando materiales exóticos ( por ejemplo, maderas), enfatizando otra gran tradición de los ingleses. Su faceta comercial. Todo esto es un orgullo para los ingleses y por eso su amor y respeto por sus artes aplicadas y antigüedades.
¿Se ha terminado?. Ustedes no conocen a los ingleses...Los coches Morgan se siguen haciendo a mano. Al igual que sus escopetas Purdey, sus americanas de Cashemere, sus porcelanas, sus relojes y una infinita lista. Algunos son objetos de lujo, claro está, pero precisamente los hace más preciados y distintivos. Son el sello británico y eso hace que los ingleses no sólo amen su artesanía, también sus industrias como parte de su identidad nacional.
En sus escuelas de Artes y Oficios se continúan formando a nuevos profesionales que están al frente de viejos maestros que no dudan en enseñar sus trucos y habilidades para capacitar a artesanos y restauradores valorados.
En España los oficios artesanales se pierden o desaparecen. Las industrias artesanales no se valoran porque todavía creemos estúpidamente en la exclusividad. Y la exclusividad es sinónimo de caro. Por otro lado seguimos creyendo que lo de fuera es de mayor calidad. Otro absurdo.
Por poner un ejemplo: Majorica. Ya sabemos que no se trata de perlas naturales (muy pocos pueden comprarlas). El espíritu de los hermanos Heusch fue similar al británico: Crear y diseñar joyas de calidad a precios accesibles precisamente por su faceta de artesanía de diseño continuo. ¿Qué es eso?. Aplicar a la artesanía los métodos de producción para hacerlos accesibles al gran público. ¿Seguimos?: Sargadelos, o calzados Carmina. Son empresas artesanales que consideran que sus productos son un lujo precisamente por su método y tradición, pero no son inaccesibles en absoluto.
Hoy, la opinión generalizada es que conservar antigüedades en nuestro país es una cuestión de espacio y dinero. Una excusa que me suena a la zorra y las uvas de Esopo, que para eso era mediterráneo. Restaurar un objeto antiguo en nuestro país es una quimera. No hay quien lo haga y el que lo hace, es prohibitivo porque no tiene competencia.
Los británicos también son unos magos para vender la “tradición” británica.
Recuerdo unos botines hechos a medida en Barkers, en Regent Street. Un capricho snob de los míos. Después del primer fin de semana de lluvia hace años se han quedado en su caja para siempre jamás. Rechinan como las puertas de la Casa del Terror.
Otra. Compré una antigua moto BSA de 1960. Nunca funcionó bien. El mecánico a la que la llevaba era inglés y su respuesta fue simple y flemática: “La humedad ambiental española es diferente a la inglesa y por eso el filtro del aire nunca funcionará correctamente”. Ante tan rotundo argumento existencial, en la que hasta alababa orgulloso de su maldita humedad, la vendí y me compré una Vespa Súper de 1972 hecha en Vigo…