REDACCIÓN. En 2025 un escándalo reveló que tesoros del Museo de Nanjing habían pasado discretamente al mercado privado. Ahora, según informa SOUTH MORNING CHINA POST, la Administración Nacional del Patrimonio Cultural, exige que todos los museos estatales realicen un inventario físico, pieza por pieza, de sus colecciones, cotejando cada objeto con los registros oficiales. El objetivo es sencillo: asegurarse de que lo que consta en los documentos existe realmente en los almacenes.
Esta decisión se produce tras meses de polémica en el Museo de Nanjing , como museo nacional central, fundado en 1933, es uno de los museos más importantes de la República Popular China, es donde las autoridades descubrieron décadas de mala gestión y presunta corrupción relacionadas con obras de arte donadas que nunca debieron haber salido de manos públicas.
Por ejemplo: un grupo de pinturas donadas en 1959 por la familia del coleccionista Pang Laichen destinadas a ser conservadas permanentemente en una institución, varias de ellas fueron vendidas o simplemente se perdieron con el tiempo. Una de ellas, una pintura de la dinastía Ming atribuida al artista Qiu Ying, que reapareció en una subasta en 2025 con un valor estimado de 12 millones de euros, lo que provocó indignación.
Las autoridades afirman que los responsables del museo permitieron transferencias irregulares en la década de 1990, mientras que intermediarios manipulaban los precios y revendían las obras a particulares. Cuando el caso salió a la luz, al menos un cuadro seguía desaparecido, otros habían cambiado de manos varias veces y más de dos docenas de funcionarios se enfrentaban a sanciones o investigaciones.
El museo ha emitido una disculpa pública, admitiendo "problemas sistémicos" y una violación de la confianza con los donantes. Posteriormente, las autoridades han exigido controles más estrictos, una supervisión más rigurosa y lo que describen como una "línea de defensa de seguridad" más robusta en torno a las colecciones del museo.
Las repercusiones podrían extenderse más allá de las instituciones chinas y afectar al propio mercado. Las obras con lagunas en su historial de propiedad, especialmente aquellas que pasaron por colecciones estatales en las décadas de 1980 y 1990, podrían ser objeto de un escrutinio más riguroso por parte de las casas de subastas y los coleccionistas. Lo que antes se consideraba un informe de procedencia rutinario podría convertirse en un problema, sobre todo si surgen más casos de objetos que salen de los museos por vías informales o directamente ilegales.
Pero la magnitud de la revisión sugiere una preocupación más profunda. Por lo visto, estas situaciones no sólo se trata de un museo en Nanjing. Es un reconocimiento de que el sistema en sí puede ser más frágil, extensible a otras instituciones con deficiencias en el registro, la supervisión y la rendición de cuentas que permitieron que objetos desaparecieran a plena vista.