REDACCIÓN . Desde hace exactamente un siglo, la escultura colosal de Fernando VII, que permanece semioculta junto a la Torre de Don Fadrique en Sevilla, ha sido objeto de numerosos escarnios a lo largo de su historia. Recientemente, ha recibido oyro ataque. esta vez natural: un árbol fue derribado por la última dana que azotó Sevilla y cayó sobre la escultura, decapitándola según informa EL IMPARCIAL.
Con una altura que superaba los dos metros — seis sobre su pedestal— y un peso de dos toneladas de bronce, la escultura ha adornado espacios públicos en Barcelona, París y Sevilla. Fue creada en 1831 por Pierre Joseph Chardigni a solicitud del Conde de España y capitán general de Barcelona, Roger Bernard Charles de Espagne, un absolutista que luchó contra sus compatriotas franceses durante la Guerra de la Independencia. Desde 1926, la escultura se encuentra al aire libre, sobre el suelo, en un rincón de los jardines medievales de la Torre de Don Fadrique. Este espacio forma parte del actual centro cultural del Convento de Santa Clara en Sevilla, lo que contrasta con el espíritu original para el que fue creada.
La historiadora del Arte Teresa Lafita, autora del estudio "Fuentes y Monumentos Públicos de Sevilla" (ABC de Sevilla, 1998), afirma que es la única estatua neoclásica en Sevilla y una de las pocas que se mantienen en España. Lafita elogia el valor artístico de la obra y se opone a que se le considere una "escultura maldita", a pesar del personaje histórico al que representa haya sido considerado maldito, esta obra es única y posee un gran valor artístico, independientemente de cualquier otra evaluación o del curso de la historia.
Una estatua Viajera
La escultura, que fue creada en 1831, inició su recorrido en 1835, cuando 'La Bullanga', una revuelta popular contra el absolutismo, la hizo caer del pedestal que ocupaba originalmente en Barcelona. en 1840 María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, viuda de Fernando VII, se la llevó durante su exilio en Francia en. En 1861, Napoleón III adquirió su palacio y decidió obsequiar la obra a la infanta María Luisa Fernanda , duquesa de Montpensier. Esta última optó por trasladarla a Sevilla a finales de 1876 y ubicarla en los jardines de su palacio.
La estatua ha sido derribada y arrastrada a lo largo de los disturbios que se han sucedido en España pérdiendo de varias piezas, incluidas las dos manos. Décadas más tarde, un conocido orfebre de Sevilla adquirió estas manos en El Jueves, un mercadillo de antigüedades que tiene lugar en la ciudad cada semana.