No he conocido a nadie con dos dedos de frente que reconozca que ha comprado algo, sabiendo que era robado, aunque si he conocido a algún retardado con las entendederas justas para pasar el día, que reconocía abiertamente que su dibujo de Picasso era robado (y probablemente falso, añado).
Tampoco he conocido a nadie que reconozca abiertamente que compró un objeto en buena fe, y que ahora es suyo por el principio legal de la Prescripción Adquisitiva o Usucapión.
Si he conocido a quien cuando le advierto que un objeto puede ser falso o robado me dice con carita de gatito meme: Yo no sabía.
Igualmente he conocido a quien su pareja compró en buena fe un objeto y después se descubrió que había sido robado, se le recomendó que lo devolviera, pero exigía a cambio que le devolvieran lo que su pareja pagó por lo robado. Y eso ya es de miserable.
También algún memo que me ha argumentado que la obra de arte que tiene se consideraba botín de guerra el 6 de mayo de 1945, olvidando que un días después, el 7 de mayo, el mismo objeto pasó a ser clasificado automáticamente como expoliado.
Son algunas de las circunstancias grotescas que me encontrado a lo largo de los años como perito judicial en España, por tanto ya adelanto que tienen nombre y apellido.
El origen del principio de la usucapión (o prescripción adquisitiva) se encuentra en la Ley de las XII Tablas (hacia el año 450 a.C.). Nació como una necesidad práctica para resolver la incertidumbre en la propiedad. Si alguien poseía un bien mueble durante un año, se convertía legalmente en su dueño. Esto evitaba que los títulos de propiedad fueran discutibles de forma indefinida.
Así, en el siglo XX se fusionaron: compra, buena fe (ignorancia) y posesión (tiempo), y para regularlo se añadió la figura de la prescripción extintiva (pérdida de derechos por el paso del tiempo porque nadie reclama), consolidado este concepto de la Usucapión.
La Prescripción Adquisitiva ha sido la fórmula legal empleada en todo el mundo hasta la saciedad para justificar la propiedad de objetos robados y expoliados, y que culminan especialmente con las obras de arte saqueadas o vendidas forzosamente en la Alemania nacionalsocialista, territorios anexionados y ocupados que aceptaron en su capitulación las leyes alemanas.
Como decía al principio, no he conocido a nadie en España que reconozca abiertamente la propiedad de una obra de arte por Usucapión, básicamente porque sería un rematado imbécil que directamente se delataría, y por eso se encargarán sus abogados de sacar del cajón el argumento de marras cuando se le reclame la devolución de la obra al descubrirse que, o bien fue incautada o vendida de manera forzada. Y eso cuando se ha descubierto el cuadro en un museo o exhibición pública. ¿Qué pasa con las obras que no se enseñan y proceden del mismo origen?.
Lo de la buena fe parece un concepto subjetivo, tan relativo e indemostrable como el “yo no sabía”, que por principio y según la ley, no exime de culpa, pero como digo, según quien lo emplea y amparado por su nombre, reputación, prestigio social o económico, cree que será argumento imbatible e incuestionado.
Si lo miramos desde una perspectiva lógica, el “yo creía que era bueno y legal”, es decir: objeto robado y adquirido en buena fe , sin conocer su realidad legal ¿No debería ser equiparable al “yo no sabía que no era bueno”, que sería la respuesta ante el mismo objeto robado y comprado de manera ignorante y compulsiva?. En ambos casos se desconoce el origen de la obra, pero ¿Por qué sospecha y acusa al infeliz que emplea el “yo no sabía”, pero no se duda del que argumenta buena fe?.
Vaya por delante que no me creo ni uno ni al otro. El concepto de la prescripción Adquisitiva o Usucapión derivada de la compra en buena fe, es legal nadie lo duda, pero el tufo a burla es inaceptable.
Los museos están trufados de piezas compradas en buena fe desde los años cuarenta, no lo duden. Y si hay millonarios americanos, alemanes, argentinos o suizos detrás, se lo garantizo.
Lo más grotesco es cuando encima, se creen su propia y frágil mentira.